Cotita

Me acabo de enterar. Y por casualidad. Cotita fue mi profesora de Literatura. Una mezcla de Dolores y de Antoñita la Fantástica que consiguió contagiarme un poco de su cachondeo vital. La única profesora a la que yo adoraba de niña en un colegio marcado por las cruces, en el que la estupidez y la ignorancia eran las únicas que corrían libres por los pasillos adinerados.

Cotita era una mujer fuerte. Fumaba. Llevaba el pelo corto y caminaba taconeando con mucho brío. De vez en cuando todavía soy capaz de imitar su forma de andar. Entraba en clase contoneándose, con una mano en la cadera y la otra sujetando cuadernos enormes donde una imaginaba que por las noches cenaba con JD Salinger y que juntos escribían la continuación de El guardián bajo el centeno. Andaba girando la cabeza a ambos lados, como si detrás le siguiera el mismísimo séquito de Luis XIV. Le encantaba ser observada y nos lanzaba miradas asesinas. Yo moqueaba de risa solo con verla.

Cotita molaba. Me enseñó a descubrir que las palabras no son solo palabras. Y que los poetas, los narradores y los escritores abren sus corazones para contarle al mundo lo que ven, lo que sienten, lo que oyen, lo que desean, lo que imaginan… Y que algunos cuentan chorradas ególatras pero otros te conquistan al vuelo y te hacen la vida mejor. Fue una gozada “breve” de profe. Un soplo de libertad, inteligencia y humor concentrados en un espacio constreñido sin el que una hubiera sido otra. Yo misma. La expulsaron de la noche a la mañana. ¿Cómo es posible que se atreviera a querer innovar en los 80 en un colegio donde nos educaban para casarnos con banqueros?

Me quedé huérfana de profe. No me entendí con la de mates. Y la que nombraron mi tutora -sin serlo- marcaba, toda ella incisiva, los muy deficientes “matemáticos” en rojo -MD-. Ya no había nada más bajo. Siempre me pareció que ambas adolecían de falta de sensibilidad y siempre recordaré que no supieron explicarme las integrales como es debido para que yo las entendiera. Yo también les suspendí.

Me quedé huérfana de la pizca de humor loco que Cotita me regalaba. Y ya se sabe que el humor es como una segunda alma.

Otra vez adiós, Cotita.

Anuncios

  1. Pilita

    Qué bonito recuerdo….

  2. daniel

    Precioso!! Eva.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: